Estoy viendo un vídeo en youtube: Estocolmo, 10 de diciembre, ceremonia de entrega de los premios Nobel. Patti Smith canta el «A Hard Rain’s a-Gonna Fall» de Bob Dylan. Tiene un atril delante, y aunque no lo mira durante los primeros compases, podemos suponer que ahí está la letra de esa canción interminable, inabarcable. En cualquier caso, Patti Smith canta con los ojos cerrados, entregada, emocionada. Sin embargo, en algún momento de la segunda estrofa, se pierde y abre los ojos, como si acabara de despertar; le tiembla la voz, balbucea, trata de retomar la canción, se equivoca; mira hacia su izquierda y no hacia el atril, buscando; se queda en blanco, sorprendida por lo que está ocurriendo, sorprendida por haber olvidado el texto cuando reza precisamente aquello de «vi una habitación llena de hombres con martillos ensangrentados, vi una escalera blanca inundada, vi a diez mil hablando con sus lenguas quebradas». Patti Smith respira, sonríe como quien está a punto de echarse a llorar, se disculpa, lo intenta de nuevo, de nuevo se equivoca; pide a la orquesta comenzar esa parte desde el principio, se disculpa otra vez: «lo siento», dice, «estoy tan nerviosa». Y, tras el aplauso del público, vuelve atrás, es decir, continúa: «Vi a un recién nacido rodeado por lobos, vi una autopista de diamantes que nadie recorría, vi una rama negra goteando sangre todavía». Y aún se equivoca nuevamente en la tercera estrofa «escuché susurrar a diez mil y nadie escuchaba», pero ya no importa: Patti Smith acaba como puede el verso, cierra otra vez los ojos y sigue cantando: «Escuché la canción de un poeta que murió en la miseria», y ya no duda más; llega hasta al final de la canción, repitiendo como una profeta tres veces el estribillo, el anuncio, el aviso de que la lluvia, la dura lluvia, la difícil lluvia, finalmente, caerá.

Acaba la música, y mientras el auditorio ovaciona a la intérprete, una voz en off comenta que «incluso una superestrella puede ponerse un poco nerviosa en un sitio como este». Pero no creo que el lapsus que ha dominado durante unos instantes a la estadounidense se deba a la selecta y emperifollada concurrencia, por mucho que en el acto esté presente la familia real sueca; la flor y nata de la sociedad, la economía, la política mundial; los descendientes del inventor de la dinamita. Smith, con 69 años, más de diez discos a sus espaldas y otros tantos libros publicados; Smith, que abrió y cerró el CBGB de la Nueva York punk; Smith, que le ha cantado a Blake, a Rimbaud, a Bolaño, no está abrumada por el lugar en el que canta ni por quienes la escuchan, su temblor proviene de lo que canta. Dicen que lo que Dylan hace no es poesía: música, canciones, palabras, sí, pero no poesía. Dicen que Dylan no fue a la ceremonia de entrega de los premios Nobel, el 10 de diciembre, en Estocolmo. Pero veo este vídeo en el que Patti Smith canta «A Hard Rain’s a-Gonna Fall» y dudo de la veracidad de estas afirmaciones; dudo como duda Patti Smith en el vídeo: no por haber olvidado la letra de una canción de 1963 que ni siquiera ha escrito ella, sino, quizá, como un relámpago en la noche, por haberla entendido.

[Imagen: Bob Dylan en concierto, Nueva York, 1963].

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