El lenguaje abdica frente al habla del cuerpo

El lenguaje abdica frente al habla del cuerpo

«Más aun, la forma misma del reggae militaba contra cualquier interferencia externa y garantizaba una cierta capacidad de autonomía. El reggae invertía el patrón establecido por la música pop, al prescribir bases de bajo fuertemente repetitivas que se comunicaban directamente con el cuerpo y le permitían al cantante scat [improvisar] sobre la superficie ondulante del ritmo. En el buen reggae, la música y las palabras están sincronizadas y coordinadas a un nivel que elude la interpretación estática, fija. Los patrones lingüísticos se convierten en patrones musicales; su metabolismo las mezcla hasta que el sonido se vuelve abstracto, esto es, no específico. De esta manera, en la periferia “dura” del reggae, por debajo de las lúcidas pero literales denuncias de The Wailers, Count Ossie and The Mystic Revelation of Ras Tafari al tiempo que condenaban las maneras de Babilonia de forma implícita, llevando el reggae de vuelta a África, y los dj’s rudies (como Big Youth, Niney, I-Roy y U-Roy) amenazaban con minar el lenguaje desde dentro con la cadencia sincopada del creole y la capacidad de expresar lo inexpresable. El lenguaje abdica frente al habla del cuerpo, las creencias y las intuiciones; por su forma y su esencia, el reggae se resiste a cualquier definición. Su forma, así, es inherentemente subversiva, y fue en este área en la que los chicos de la calle jamaicanos hicieron sus innovaciones más importantes».

[Dick Hebdige, «Reggae, rastas y rudies», en Rituales de resistencia. Subculturas juveniles en la Gran Bretaña de postguerra (Stuart Hall y Tony Jefferson, editores), p. 233-234; editado en castellano por Traficantes de Sueños en 2014. Fotografía de Syd Shelton: Rock Against Racism, Leeds, 1981].

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Excavación y memoria

Excavación y memoria

«El lenguaje ha dejado claro que la memoria no es un instrumento para explorar el pasado, sino más bien un medio. Es el medio de lo que se experimenta, de la misma manera que la tierra es el medio bajo el que yacen, enterradas, antiguas ciudades. Quien quiera acercarse a su propio pasado deberá actuar como si excavara. Ante todo, no debe tener miedo de volver una y otra vez sobre el mismo asunto; esparcirlo como si esparciera la tierra, removerlo como quien la remueve. Porque “el asunto” no es más que el estrato en el que los secretos mejor guardados se revelan solo a la investigación más meticulosa. Es decir, revelan esas imágenes que, despegadas de cualquier asociación previa, habitan como tesoros en las austeras habitaciones de nuestras impresiones ulteriores —cual torsos en la galería de un coleccionista. No hay duda de que conviene planear las excavaciones metódicamente. Y quien se limite a hacer un inventario de sus hallazgos, sin establecer el lugar exacto donde, bajo el suelo de hoy, están enterrados los tesoros antiguos, se priva del premio más importante que podría alcanzar. Así, con los recuerdos auténticos, importa mucho menos informar sobre ellos que marcar, con precisión, el lugar donde se ha tomado posesión de ellos. Épica y rapsódica en sentido estricto, la memoria genuida debe, por lo tanto, revelar una imagen de la persona que recuerda, de la misma manera que un buen informe arqueológico no solo nos habla de los estratos en los que se han hallado tal o cual cosa, sino que también nos dice qué estratos tuvieron que romperse primero».

[Walter Benjamin: «Excavación y memoria», citado por Isabel Cadenas Cañón en Poética de la ausencia. Formas subversivas de la memoria en la cultura visual contemporánea (Cátedra, 2019; p. 38-39). La traducción es de la propia Cadenas, a partir de la versión inglesa del texto. Imagen: Benjamin en la Biblioteca Nacional de Francia, en París, 1939; foto de Gisèle Freund].

Más horrible que la muerte

Más horrible que la muerte

«[27] Vida y muerte: Muerte. Su desolación y horror. Espacios desolados. Fondo del mar. Ciudades muertas. Pero la Vida… ¡el mayor horror! Enormes reptiles y leviatanes desconocidos. Bestias espantosas de junglas preshistóricas. Exhuberante vegetación pegajosa. Malvados instintos del hombre primitivo. La vida es más horrible que la muerte».

[H. P. Lovecraft, «Cuaderno de notas», en El horror sobrenatural en la literatura y otros escritos teóricos y autobiográficos (Valdemar, 2010, p. 255-256; traducción de J. A. Molina Foix). Imagen: detalle de la tumba de Lovecraft en Providence, su ciudad natal].

El año de Orwell

El año de Orwell

«La gran aportación de Bolaño a la literatura mundial no fue, desde luego, cerrar el realismo mágico (cerrado estaba desde tiempo atrás), ni volver a clásicos latinoamericanos ignorados, peor para ellos, por la academia anglosajona, como los padres de Borges, un Oliverio Girondo o un Macedonio Fernández, quienes demostraban que nuestra madurez, ignorada a lo lejos, ya tenía sus años, sino variar la noción de futuro en la literatura moderna. No fue el único pero en ello Bolaño fue ejemplar, y la primera prueba la tenemos aquí, escrita en Blanes, en 1984, el año de Orwell, acaso no casualmente.

»La ciencia ficción no era para Bolaño, como lo sería para un lector ordinario, una mera premonición de viajes espaciales, planetas extraterrestres habitados por alienígenas o colosales adelantes tecnológicos, sino un estado moral, la búsqueda invertida del tiempo perdido, y por ello su obra es incomprensible sin la lectura de Ursula K. Le Guin o Philip K. Dick, quienes moralizaron el futuro como una extensión catastrófica del siglo XX. Aquélla sería una supermodernidad probablemente fascista —en los años ochenta Bolaño, cosa rara, conocía a los escritores de derecha de la Acción Francesa, entonces del todo olvidados— y en El espíritu de la ciencia-ficción reside, es probable, el secreto de 2666. La novela, para Bolaño, no es cronológica, sino moral, y esa ética sólo puede entenderse, exacta anticipación suya, mediante una suerte de teoría de los juegos, lo que explica un libro como El Tercer Reich. Si el detective, como ya dijeron otros comentaristas antes que yo, es una forma callejera del intelectual, la práctica de los videojuegos es un rudimento de la historia universal, una proyección que rompe la linealidad del tiempo. Es El espíritu de la ciencia-ficción».

[Christopher Domínguez, fragmento del prólogo de El espíritu de la ciencia-ficción, de Roberto Bolaño (Alfaguara, 2016; p. 15-16). La imagen de cabecera está sacada de este artículo].

O que no se origine nada más

O que no se origine nada más

«He escrito “Vosotras, palabras” después de no atreverme durante cinco años a escribir un poema, después de no querer escribir ninguno más, de haberme prohibido hacer otra hechura de las que se llaman poemas. No tengo nada en contra de los poemas, pero usted ha de comprender que uno de repente puede estar en contra de cualquier metáfora, cualquier sonido, cualquier obligación de juntar palabras, contra este presentar de una manera completamente feliz palabras e imágenes. Que uno desee ahogarlo, para poder comprobar de nuevo qué es, qué debería ser. Sigo sabiendo poco de poemas, pero entre lo poco está la sospecha. Sospecha de ti lo suficiente, sospecha de las palabras, de la lengua, me he dicho muchas veces, ahonda esta sospecha —para que un día, quizás, pueda originarse algo nuevo— o que no se origine nada más».

[Extraído del prólogo de Últimos poemas, de Ingeborg Bachmann (Hiperión, 2005 [1999]); traducción de Concha García y Cecilia Dreymüller. Imagen].