El lugar real del poder

El lugar real del poder

«¿Qué quiere decir en este caso hablar? ¿Por qué el jefe de la tribu debe hablar precisamente para no decir nada? ¿A qué necesidad de la sociedad primitiva responde esta palabra vacía que emana del lugar aparente del poder? Justamente, el discurso del jefe está vacío porque no es discurso de poder: el jefe está separado de la palabra porque está separado del poder. En la sociedad primitiva, en la sociedad sin Estado, el poder no se encuentra del lado del jefe; por consiguiente, su palabra no puede ser palabra de poder, de autoridad, de mando. Una orden: eso es precisamente lo que el jefe no sabría dar, ese es precisamente el género de plenitud rehusado a su palabra. Más allá del rechazo de obediencia que no dejaría de provocar semejante tentativa de un jefe que se olvidara de su deber, no tardaría en plantearse el rechazo a su reconocimiento. A un jefe lo bastante loco como para soñar, no tanto con abusar de un poder que no posee, como con el uso mismo del poder, a un jefe que quisiera hacer de jefe, se le abandonaría: la sociedad primitiva es el lugar del rechazo de un poder separado, porque ella misma, y no el jefe, es el lugar real del poder.

»La sociedad primitiva sabe, por naturaleza, que la violencia es la esencia del poder. En este saber se arraiga la preocupación de mantener constantemente apartado el uno de la otra, el poder y la institución, el mando y el jefe. Y es el campo mismo de la palabra el que asegura la demarcación y traza la línea de separación. Obligando al jefe a moverse solamente en el elemento de la palabra, es decir, en el extremo opuesto a la violencia, la tribu se asegura de que todo permanezca en su lugar, que el eje del poder se repliegue sobre el cuerpo exclusivo de la sociedad y que ningún desplazamiento de fuerzas venga a transformar el orden social. El deber de la palabra del jefe, ese flujo constante de palabra vacía que le debe a la tribu, es su deuda infinita, la garantía que prohíbe al hombre de palabra convertirse en hombre de poder».

[Pierre Clastres, «El deber de la palabra», en La sociedad contra el Estado (Virus, 2010; p, 166 y 167, traducción de Paco Madrid). Imagen: Clastres (en primer plano, a la derecha) en alguna de sus investigaciones de campo en Sudamérica].

El fantasma de Ned Ludd

El fantasma de Ned Ludd

«Tras la rebelión ludita vinieron nuevas formas de resistencia contra el capitalismo industrial o, al menos, contra sus más escandalosos abusos. Fue preciso, entretanto, que el mundo rural conociera a su vez una réplica del terremoto luddita: tal fue el movimiento de destrucción de máquinas agrícolas que inflamó los campos ingleses en 1830-1831, esta vez bajo el estandarte del inmaterial capitán Swing. En las regiones industriales, el activismo sindical y la agitación social conformaron el movimiento obrero en sus distintos componentes, más allá de los métodos de lucha, las corrientes de pensamiento o los usos y costumbres. Les proveyeron de un sentido táctico y determinaron sus prudencias tanto como sus audacias. Sin embargo, la clase obrera en formación del siglo XIX, dividida entre el “trabajo de lo negativo” y la defensa del sustento, al fin y a la postre, no pudo ni supo ser mucho más que una clase del capital, debatiéndose entre la resiliencia y la resignación. Este ejercicio industrial disciplinado por el sistema fabril apenas fue más que una creciente masa de fuerza de trabajo, esforzándose tanto por venderse al mejor precio como por influir en las mutaciones sociales que engendraba la omnipotencia del capital.

»Muchos eran los obreros maltratados por el presente que, al contrario que los ludditas, encontraban consuelo en el futuro. La mística del triunfo de la “buena causa” pretendía, conforme a una predicción cara a Marx y a sus epígonos, que el desarrollo de las “fuerzas productivas” en manos de la burguesía acabase fatalmente por permitir que el proletariado se apropiase de los medios de producción. Gracias a esta “astucia de la historia”, la “clase de la conciencia” estaba llamada a realizar su plena humanidad, aboliendo toda distinción jerárquica entre las actividades humanas. A pesar de su finura dialéctica, con el paso del tiempo y de las decepciones, esta hipótesis teñida de escatología de dejó de perder toda apariencia de validez…

»De vez en cuando el proletariado consideraba, sin embargo, que era más razonable actuar con impaciencia y no rozaba de hecho esa universalidad inmanente más que en momentos esporádicos de aguda crisis social y política, tan pronto en las barricadas parisinas como durante huelgas de carácter insurreccional, como la de Pittsburgh en 1877 o la de Barcelona en 1936. Pero entonces, cuando los pobres se cansaban de que los timasen en los mercadeos sindicales o políticos y pretendían resolver sus asuntos por sí mismos, eran ametrallados, diezmados, acorralados sin misericordia por la contrarrevolución, ya agitase esta la bandera del autoritarismo o bien prefiriese la de la democracia representativa, apenas menos sangrienta que la anterior.

»“¡Demasiado pronto!”, se lamentaban invariablemente algunos doctos teóricos después de esas batallas, por lo general improvisadas y perdidas una tras otra.

»“¡Demasiado tarde!”, replicaba el fantasma de Ned Ludd».

[Fragmento de La colera de Ludd (Pepitas de calabaza, 2015), de Julius Van Daal; p. 300-302. Imagen: Rain, Steam and Speed (Joseph Turner, 1844)].

La luz interior

La luz interior

«Barcelona, ciudad comprimida entre colinas y rodeada de ásperos suburbios, capital apasionada de la insurrección proletaria, era su maquis, aunque ellos conocían suficientemente las montañas para ocultarse en ellas y volver. Su transporte eran taxis requisados y coches robados; sus lugares de cita las colas de autobús o las puertas de los estadios de fútbol. Su equipo lo formaban la gabardina, tan cara al pistolero urbano desde Dublín hasta el Mediterráneo, y la bolsa de compras o la cartera para ocultar armas de fuego o bombas. Su aspiración era “la idea” del anarquismo, este sueño totalmente intransigente y lunático que muchos compartimos, pero que pocos, salvo los españoles, han tratado de llevar a la práctica, al coste de la derrota total y de la impotencia de su movimiento obrero. Su mundo era un mundo en el que los hombres son gobernados por la moralidad pura según el dictado de la conciencia; donde no hay pobreza, ni gobierno, ni cárceles, ni policías, ni coerción o disciplina que no surja de la luz interior; sin otro lazo social que la fraternidad y el amor; sin mentiras; sin propiedad; sin burocracia. En este mundo todos son puros como Sabaté, que nunca fumaba ni bebía (salvo, naturalmente, un poco de vino en las comidas) y que comía como un pastor incluso justo después de haber asaltado un banco. En un mundo así, la razón y la frustración sacan a los hombres de las tinieblas. No hay nada que se interponga entre nosotros y este ideal salvo las fuerzas del mal, burgueses, fascistas, stalinistas e incluso anarquistas renegados, fuerzas todas ellas que deben ser barridas, aunque naturalmente sin caer en los vicios diabólicos de la disciplina y la burocracia. Es un mundo en el que los moralistas son también pistoleros, no sólo porque las pistolas matan a los enemigos, sino también porque son los medios de expresión de hombres que no pueden escribir los panfletos ni hacer los grandes discursos con los que sueñan. La propaganda por la acción sustituye a la propaganda verbal».

[Texto extraído del ensayo Bandidos, del historiador británico Eric Hobsbawm; editorial Crítica, año 2001, página 136. Imagen: Quico Sabaté, abatido en Sant Celoni el 5 de enero de 1960].

Guerrilla (de la comunicación)

Guerrilla (de la comunicación)
Carnaval

La risa, la risa salvaje, la risa colectiva como elemento subversivo; el carnaval como inversión del estado de las cosas, como espejo cóncavo de un sistema absurdo, como ridiculización del poder a lo largo de la historia, desde la Edad Media a los Carnavales contra el capitalismo de finales del siglo XX y las grandes manifestaciones del movimiento antiglobalización.

Culture jamming

Interferencia cultural; término creado por la banda experimental Negativland en 1984; sinónimo de guerrilla de la comunicación empleado principalmente en Estados Unidos, aunque algunos autores consideran que el culture jamming se centra principalmente en la contrapublicidad (subvertising), el anticonsumismo y la crítica a los media, sin llegar a cuestionar realmente el sistema.

Cultura popular

La guerrilla de la comunicación renuncia a las vanguardias y a las minorías revolucionarias para asumir que cualquiera puede ser un agente del cambio y la subversión. Se recupera lo popular como discurso de resistencia, desde lo pequeño y lo cotidiano, a las lógicas del capitalismo; popular no en el sentido de baja cultura como planteaba, por ejemplo, Adorno sino más bien en la onda de aquella canción de Siniestro Total: «¡Cuidado! A veces engañan las apariencias, el guapo suele ser casi siempre un bellaco al final».

Distanciamiento

Junto con la sobreidentificación, uno de los dos grandes principios de la guerrilla de la comunicación. Pequeñas perturbaciones en la gramática cultural, ruido en las expresiones cotidianas del poder para hacer asomar sus contradicciones, un inesperado cambio de contexto, un hay algo aquí que va mal, un fallo en Matrix. Algo tan sencillo, por ejemplo, como salir a la calle durante la campaña electoral y pintar un bigotito estilo Hitler en los rostros impresos en vallas y carteles de todos los candidatos.

Fake

Básicamente, inventar hechos falsos con la intención que produzcan consecuencias reales, utilizando normalmente para dicho fin los medios masivos (o una falsificación de los mismos). Por ejemplo, con la elección del nuevo Papa y los rumores de su relación con las Juntas Militares argentinas aparecieron en redes sociales y blogs decenas de fotos donde se podía ver al futuro Francisco I junto a Videla. Finalmente resultó que Bergoglio no era ninguno de esos cardenales o sacerdotes, pero qué importaba: si Bergoglio representa a la Iglesia, toda la Iglesia es Bergoglio.

Gramática cultural

Partiendo de los conceptos de la semiótica y la lingüística, la guerrilla de la comunicación entiende por gramática cultural las reglas y convenciones cuyo aprendizaje, casi siempre inconsciente, sirve para mantener un orden social basado en unas determinadas relaciones de poder. El dominio cotidiano se instala no con la violencia ejercida directamente por el poder al menos no solo con eso sino a través de la cultura hegemónica, esto es: todo. O casi. Y si la cultura es todo, la cultura también es política.

Guerrilla de la comunicación

Conjunto heterodoxo y abierto de teorías, herramientas, métodos, acciones y prácticas políticas política, como decimos, en su sentido de negociación cotidiana de los espacios del poder dirigidas a subvertir los discursos de dominación de las sociedades capitalistas a través de sus propias estructuras y códigos, cuestionando así su supuesta legitimidad y su normalización social, y tratando de abrir, en definitiva, nuevos espacios para utopías. La subversión, entonces, no se consigue a través de la veracidad de la información o de lo explícito del mensaje, sino deconstruyendo la estética del poder. El término aparece por primera vez en el libro Manual de guerrilla de la comunicación, publicado originalmente en Alemania a finales de los ’90 (firmado por el grupo autónomo a.f.r.i.k.a., Sonja Brünzels y Luther Blisset) aunque muchas de las ideas y procesos que recoge ya existían con bastante anterioridad.

Happening

Intervención política masiva en el espacio público relacionada con el teatro experimental y el activismo artístico y consistente, básicamente, en realizar una determinada acción que transgreda las normas sociales, o incluso legales. Recientemente ha aparecido el flashmob, que podríamos considerar una versión del happening donde el componente artístico y el político no están, en general, tan acentuados.

Internacional Situacionista (IS)

El gran referente teórico de la guerrilla de la comunicación, aunque en la práctica acabara difuminándose en discusiones internas, casi fagocitada por la figura de Guy Debord. Heredera de varios grupos artísticos de vanguardia como la Internacional Letrista o el Movimiento Internacional para la Bauhaus Imaginaria, se suele decir que el Mayo francés pilló a todo el mundo desprevenido menos a los situacionistas, que llevaban años preparándose para algo así. Sea esto una exageración o no, lo que es seguro es que la IS desarrolló como nadie la tergiversación de los mensajes de los media, la deriva psicogeográfica como crítica a la ciudad como espacio de poder y una perspectiva del arte y la política como elementos indisociables e indispensables para la revolución de cada día. A pesar de que en 1972 quedaban en el grupo solo dos miembros, Sanguinetti y Debord, su influencia en los movimientos posteriores es tal que sigue siendo válido eso de que «cualquiera puede ser situacionista, aunque no haya oído hablar de la IS».

Luther Blisset

Uno de los experimentos contemporáneos más exitosos del nombre múltiple, especialmente en Europa, centrado en recuperar gran parte de la crítica situacionista sobre el arte, los medios de comunicación y la subversión política, adaptándola al contexto de los ’90.

Nombre múltiple

Seudónimos de personas reales, personajes de ficción o arquetipos seudomíticos; del todas somos brujas al todos somos Marcos, pasando por Buda, el pobre Konrad, Ned Ludd, el Capitán Swing, Luther Blisset, la máscara de Guy Fawkes o Anonymous; el alias colectivo es una de las herramientas de resistencia al sistema más utilizadas a lo largo de la historia, herramienta que rompe con el concepto de individuo como sujeto histórico, poniendo en su lugar a la colectividad anónima, que no es nadie y por tanto puede ser cualquiera. Puede ser todas.

Posmodernidad

No me atreveré a decir lo que la posmodernidad es. En cualquier caso, la guerrilla de la comunicación pasa aquí.

Psicogeografía

O cómo poner sobre la mesa el papel de las políticas urbanísticas, y de la ciudad (post)industrial en general, como generadoras de desigualdades sociales al mismo tiempo que visibilizas la producción del conocimiento científico como espacio de poder. Los colectivos psicogeográficos analizan, mezclando sin pudor todo tipo de fuentes, referencias y métodos, los núcleos urbanos como espacios de conflicto, transformando el mapa en una cuestión subjetiva donde los espacios importantes no son los históricos es decir, los que señala, y señalan, el poder sino los transitados por la memoria y por la colectividad, que son la misma cosa.

Sobreidentificación

Técnica consistente en asumir la lógica dominante hasta tal punto que se visibiliza la cara oculta del sistema, su verdadero rostro. Esclarecedor ejemplo es la cuenta de twitter Masa Enfurecida y sus ya famosos «todo es ETA», que no son otra cosa que la proclamación salvajemente exagerada y salvajemente racional, en realidad de la ideología del Partido Popular y el resto del fascismo español.

Terrorismo cultural

Expresión rimbombante para indicar que alguien casi siempre uno mismo hace activismo político a través del arte.

[Artículo publicado en la web del periódico Diagonal en mayo de 2013. Imagen].

El perseguidor #9: pero es muy corto el tiempo de las cerezas

El perseguidor #9: pero es muy corto el tiempo de las cerezas

«Escribir este libro es revivir los días terribles en que la libertad, rozándonos con sus alas, levantó el vuelo desde el matadero; es abrir de nuevo la fosa ensangrentada donde, bajo la cúpula trágica del incendio, se durmió la Comuna, bella para sus bodas de muerte, las bodas rojas del martirio».

Entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871, en París se detuvo la historia. O, mejor dicho, la historia, tanto tiempo detenida, volvió a caminar. Durante dos meses, la capital francesa fue isla y utopía, fue insurrección y relámpago; fue, en su máximo expresión, el pueblo recuperando la ciudad, recuperando la vida, sin necesidad de partidos ni vanguardias.

En el programa de esta semana enarbolamos la bandera negra, la antibandera por excelencia, y acompañamos a la poeta anarquista Louise Michel por las calles de este París autónomo y asambleario, socialista y libertario, imposible y, todavía hoy, necesario.

Puedes escuchar el programa aquí:

Y también aquí.

Tracklist:

– «A Las Barricadas» / Lucia Recio & La Marmite Infernale
– «I’ve Got To Surf Away» / Le Grand Miercoles
– «Freedom Day» / Max Roach
– «La Marseillaise» / Léo Ferré
– «Syeeda’s Song Flute» / John Coltrane
– «Raison D’Etat / Paris Violence
– «Rue Des Fusilles» / Molodoï
– «Le Temps Des Cerises» / Yves Montand
– «Between The Wars» / Billy Bragg
– «Les Noveaux Partisans» / Dominique
– «Heureux Temps» / Les Quatre Barbus

También hemos leído fragmentos del libro de memorias de Louise Michel La Comuna de París (LaMalatesta & Tierra de Fuego, 2014).

[Imagen: barricada en París, 1871].