El perseguidor #8: con tres heridas yo

El perseguidor #8: con tres heridas yo

«Yo que creí que la luz era mía / precipitado en la sombra me veo». Miguel Hernández escribe sus últimos versos en la cárcel, en el llamado Reformatorio de adultos de Alicante. El fascismo ha ganado la guerra. El régimen franquista destruye cincuenta mil ejemplares de El hombre acecha y condena su obra. En 1940 le condenan también a él, a muerte, por rojo y por poeta. Esta condena se conmuta por treinta años, pero es igualmente una condena a muerte. Miguel Hernández no escribe más: muere de tuberculosis a los treinta y un años, en la cárcel, el 28 de marzo de 1942, recién entrada la primavera. Pero en 1942 no hay ya primavera alguna. «Fuera, la luz en la luz sepultada. / Siento que sólo la sombra me alumbra».

Dedicamos el programa de esta semana, emitido en Radio Línea 4 el jueves 14 de abril, 85 aniversario de la proclamación de la Segunda República, a Miguel Hernández, poeta del pueblo.

Puedes escuchar el programa aquí:

Y también aquí.

Tracklist:

– «I’ve Got To Surf Away» / Le Grand Miercoles
– «La Guerra, Madre» / Niño de Elche
– «Que Me Van Aniquilando» / Silvia Pérez Cruz & Raül Fernández Miró
– «Compañero» / Enrique Morente
– «Recordar» / Sikiatriko
– «El Quinto Regimiento» / Pete Seeger
– «Carnívoro Cuchillo / Poncho K
– «Historia Conocida» / Paco Ibáñez
– «El Niño Yuntero» / Víctor Jara
– «Suya Mi Guerra» / La Raíz
– «Gallo Rojo, Gallo Negro» / Chicho Sánchez Ferlosio

[Imagen: portada de la primera edición del poemario de Miguel Hernández Viento del pueblo (Socorro Rojo, 1937). Fuente: Biblioteca Nacional].

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Notas a pie de playa

Notas a pie de playa

Un bandoneón dispara tangos de Gardel desde la azotea del edificio más triste de la ciudad. Y las noches caen fulminadas y bailan como nunca bailaron los enamorados en febrero. En las avenidas la música se pierde entre el llanto de los árboles y mis palabras no son mis palabras, son una canción que un preso tarareó en el tejado de la cárcel una tarde de abril. Una de esas tardes que podías tocar con la punta de los párpados, en las que el mar te contaba que estuvo allí la primera vez que besaste la alegría o cuando aprendiste la palabra madrugada o en aquella ocasión en la que recorriste el cuerpo incandescente de una polilla con los ojos desnudos. No obstante, el cielo te acuchilla que nadie logró revelar las máscaras de los almanaques, y que aquel abril nunca regresó, y que el mar no se ve desde esta cárcel que se expande y conquista cada calle y sonríe como cicatriz en la garganta. Masticas páginas ajadas y las escupes con poemas, que es lo más parecido a amar que has hecho desde que se acabaron las lunas bajo tus pies. Casi no se te oye, apenas murmuras, mas tus labios encuentran la luz en una fotografía en blanco y negro, en unos zapatos gastados, en un barco con nombre inglés que navega rumbo a Orán. El olvido se resquebraja, se encoge, se quiebra, y no sabes si eso que lo atraviesa es el final o el principio, pero que sea algo, cualquier cosa menos esta insoportable lección de historia. Aunque la soportaste toda: el exilio de la ternura, la ceguera de los almendros, el suicidio de las alondras. Quizás no te quedan lágrimas en las manos ni libros que perder en los parques y sin embargo sobrevives a las derrotas que deambulan felices sin saber nada de los fantasmas. Quisiera partir contigo mi abrazo, pero estoy tan lejos. En la hora más amarga, recuerda Alicante en primavera.

[Poema incluido en el libro Todas las ciudades del fuego (Difácil, 2015). Imagen: el Stanbrook a su llegada a Orán, Argelia; había zarpado del puerto de Alicante el 28 de marzo de 1939, con casi 3.000 republicanos, los últimos que lograrían escapar antes de que la División Littorio —enviada por Mussolini en apoyo del fascismo español entrara en la ciudad. Fuente: Comisión cívica de Alicante para la recuperación de la memoria histórica].