El perseguidor #1: es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana

El perseguidor #1: es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana

«Esto ya lo toqué mañana, es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana». Como Johnny Carter, esa máscara con la que Julio Cortázar disfrazó a Charlie Parker en su cuento «El perseguidor», nosotros también perseguimos algo que se aleja a nuestro paso, algo que se esfuma en el preciso instante de aprehenderlo, «una liebre que corre tras de un tigre que duerme», en palabras de Cortázar. No sabemos a ciencia cierta qué buscamos: a veces lo llamamos utopía; a veces jazz o poesía; a veces relámpago o tormenta. En cualquier caso, al final, la persecución, el camino, la carretera se vuelve tan importante, tan vital, como aquello que perseguimos. Desde Buenos Aires a París, desde San Francisco a Barcelona, desde El Cairo a Ciudad de México recorremos los túneles de los contrabandistas y las rutas de los traficantes en pos de las canciones y los libros, de los motines y las conspiraciones, de las subversiones y las revoluciones, no con el afán fúnebre del historiador, sino con el entusiasmo de quien ve en cada fuego una señal, en cada grafiti un mapa.

Este es el primer capítulo de El perseguidor, el espacio semanal que he comenzado a realizar este año en la radio libre Línea 4.

Puedes escuchar el programa aquí:

Y también aquí.

Tracklist:

– «I’ve Got To Surf Away» / Le Grand Miercoles
– «Parker’s Mood» / Charlie Parker
– «Birdland» / Patti Smith
– «Murguita del Sur» / Bersuit
– «Desolation Row» / Bob Dylan
– «Bloomdido» / Charlie Parker
– «Mannish Boy» / Muddy Waters & The Band
– «Congo Blues» / Charlie Parker
– «Alabama» / John Coltrane

[Imagen: Julio Cortázar. Fuente: revista Hypérbole].

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Kerouac y los hijos del bop o brevísima historia del jazz

Kerouac y los hijos del bop o brevísima historia del jazz

«Una vez hubo un Louis Armstrong que tocaba sus hermosas frases en el barro de Nueva Orleans; antes que él, estaban los músicos locos que habían desfilado en las fiestas oficiales y convertido las marchas de Sousa en ragtime. Después estaba el swing, y Roy Eldridge, vigoroso y viril, que tocaba la trompeta y sacaba de ella todas las ondas imaginables de potencia y lógica y sutileza… Miraba su instrumento con ojos resplandecientes y amorosa sonrisa y transmitía con él al mundo del jazz. Después había llegado Charlie Parker, un niño de la cabaña de su madre en Kansas City, que tocaba su agudo alto entre los troncos, que practicaba los días lluviosos, que salía para escuchar el viejo swing de Basie y Benny Molten, en cuya banda estaban Hot Lips Page y los demás… Charlie Parker dejó su casa y fue a Harlem y conoció al loco de Thelonious Monk y al más loco aún de Gillespie… Charlie Parker en sus primeros tiempos cuando flipeaba y daba vueltas mientras tocaba. Era algo más joven que Lester Young, también de Kansas City, ese lúgubre y santo mentecato en quien queda envuelta toda la historia del jazz; mientras mantuvo el saxo tenor en alto y horizontal era el más grande tocándolo, pero a medida que le fue creciendo el pelo y se volvió perezoso y despreocupado, el instrumento cayó cuarenta y cinco grados, hasta que finalmente cayó del todo y hoy lleva zapatos de suelas muy gruesas y no puede sentir las aceras de la vida y apoya el saxo contra el pecho y toca fríamente y con frases muy fáciles. Esos eran los hijos de la noche bop americana».

[Extraído de En el camino (Anagrama, 2007), de Jack Kerouac, novela publicada originalmente en Nueva York, en 1957, por la editorial Viking Press, con el título On the Road. La traducción es de Martín Lendínez, seudónimo de Mariano Antolín Rato. Imagen: detalle de una foto de Charlie Parker realizada por William Gottlieb (Nueva York, 1947)].