Azul triste tren o blue train alternate take

Azul triste tren o blue train alternate take

dadme un nocturno de Chopin un cigarrillo la calavera de César Vallejo dadme una lágrima de Dostoievski una sonrisa de la viuda de Coltrane dadme un poco de pan y un verso dadme otro mundo
Félix Grande

 

Como el viajero que huye de los mapas,
aprendí de los polizones las cosas más pequeñas:
bluses de doce compases, canciones
de otras guerras. Aprendí de sus fracasos
en vagones donde viajaban
catedráticos de lenta tristeza,
sacerdotes sin iglesia,
saxofonistas con sueños gastados
que hablaban de Coltrane y azules trenes
entre notas nacidas de relámpago,
el fuego apagado en los ojos
pero todavía rescoldos,
todavía calor bajo los párpados,
todavía el sudor quemando dedos
y frentes, cayendo al suelo,
abriendo agujeros de gusano
en el espacio, el metal
avanzando a través de los caminos
como si atravesara
_____________________la luz a las luciérnagas,
la memoria a los fantasmas
en estaciones abandonadas
como si fueran siglos, estaciones
sin trenes ni soles, galaxias
devoradas por el olvido
como devoran las hienas los huesos,
viejos que se despiden de las sombras
como los amantes de algunas puertas
o de los puentes los suicidas
antes de arrojarse al vacío,
la retina bañada en versos de Lorca y Darío.

Como los alcohólicos interpretan
las botellas, las noches, los abrazos,
así interpreto blue train cada madrugada,
aunque el incendio nunca llega
y ya no tengo boca ni manos,
apenas puños, dientes y nudillos
para mantenerme a la tierra clavado,
a la tierra que guardo en los bolsillos
por si a mi funeral nadie acude
y debo escribir en el agua mi nombre,
mi nombre en todos los idiomas.
Moriremos como vivimos
y yo permanecí cerca del mar
huyendo del invierno,
aguardando vanos trenes,
el morral cargado de libros
y pólvora y el corazón
latiendo a pesar de todo,
____________________________latiendo
como una ciudad al alba,
como un poema de Vallejo,
como un octubre que no acaba,
una fotografía en blanco
y negro, un mundo nuevo
un solo
________de John Coltrane.

[Texto incluido en el poemario Estaciones de invierno (Libros En Su Tinta, 2016). Imagen: catenaria, ribera del Besòs, entre el barrio de Vallbona y Montcada i Reixac].

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Blue train o el hombre que soñaba con J. Coltrane

Blue train o el hombre que soñaba con J. Coltrane

Soñé con detectives perdidos en la ciudad oscura.
Roberto Bolaño

 

El hombre que soñaba con John Coltrane
amanecía despierto en los días de invierno
y tarareaba canciones para alejar el dolor,
melodías del blue train, salmos como pájaros
que regresan a la costa heridos de muerte
para silbar en la playa sus últimos versos.

El hombre que soñaba con John Coltrane
en ocasiones soñaba con un hombre ciego
que afila una armónica hecha de huesos
mientras observa a los niños jugar en la arena
y el ferrocarril se aleja para siempre del puerto,
se difumina, se desvanece sin despedidas
ni blancos pañuelos en el esqueleto de un cuadro
de Turner, en la velocidad de su lienzo.

El hombre que soñaba con J. Coltrane
abría ventanas en las noches de tormenta
para dejar entrar la lluvia en la oscuridad del cuarto,
para llenar de oscuridad la lluvia y las paredes,
las calles que se extienden lejos del mar como fronteras
del invierno y ocuparlas con naufragios, y descender
con el diluvio y la noche sobre la ciudad,
y en la falta de luz hallar una esperanza,
una estación de nieblas quizás abandonada
donde conseguir un boleto para el primer tren hacia el sur
y dejar en la madrugada su aliento
como único mensaje, por si acaso los amigos
que puede contar con los dedos de una mano
salen en la mañana a buscarlo, por si acaso la policía
le sigue los pasos, solo su aliento helado
en la madrugada, junto a la máquina de café,
junto al lavabo y las portadas de los periódicos,
junto al reloj que marca las doce,
la hora del fin del invierno.

En ese viaje el hombre que soñaba con Coltrane
conoció la ternura en la arquitectura de los puentes
y en los raíles oxidados conoció el amor,
recorrió después en las últimas hojas del otoño
las vías muertas y los viejos túneles
bautizados hace tiempo por los enamorados
y por los perros, el llanto le cubrió la cara
al lamer con la lengua desnuda la herrumbre
de los recuerdos y sentir en la garganta
el grafiti, el fuego de los encendedores,
los fragmentos de vidrio de las botellas
arrojadas al océano, las melodías que tarareó
en invierno junto a una ventana
para alejar el dolor, cuando el mundo era tan pequeño
que cabía en pañuelos blancos y fotografías
borrosas y nada sabía él de los trenes,
del sur o de los pájaros,
apenas que el mundo era tan pequeño
que cabía en la palma de la mano,
en las líneas del destino, nada más:
apenas que el mundo era tan pequeño
que cabía en unos pocos surcos
en la piel, en los discos de vinilo,
y que merecía la pena
llorar por él.

[Poema incluido en el libro Estaciones de invierno (Libros En Su Tinta, 2016). Imagen: Coltrane tocando el saxo soprano (fuente)].

Coltrane is not dead

Coltrane is not dead

I have a dream. Es el verano del 63. Martin Luther King pronuncia el que será su discurso más famoso desde las escaleras del monumento a Lincoln, en Washington DC. Trescientas mil personas marchan sobre la capital de Estados Unidos y King comparte con ellas su sueño de negros y blancos unidos, celebrando con viejos espirituales la libertad. Bob Dylan interpreta un par de temas de The Times They Are a-Changin’, que verá la luz al año siguiente.

Los tiempos están cambiando, pero el 15 de septiembre el Ku Klux Klan pone una bomba en una iglesia, asesinando a cuatro niñas, y John Coltrane compone la elegía Alabama —incluida en el álbum Live at Birdland— inspirándose en las palabras de King sobre el atentado. En junio el presidente Kennedy se había dirigido a la nación tras los incidentes racistas en la Universidad de Alabama, donde el gobernador Wallace intentaba impedir la matriculación de estudiantes afroamericanos. El 22 de noviembre un francotirador, o varios, le vuelan la cabeza en Dallas al presidente Kennedy.

El 26 de noviembre el presidente Johnson anula la orden de su antecesor de retirar tropas de Vietnam, pero el 2 de julio de 1964 firma la Ley de Derechos Civiles, que prohíbe las políticas segregacionistas practicadas en muchos estados del sur del país. El 16 de julio un oficial de la policía de Nueva York mata de un disparo a un chaval de 15 años y Harlem arde durante toda una semana de disturbios. El 10 de diciembre de 1964, en Oslo, King recoge el premio Nobel de la Paz. El 10 de diciembre de 1964, en Nueva Jersey, Coltrane entra en los estudios Van Gelder, acompañado por su classic quartet y otros músicos, para grabar una segunda sesión de su obra maestra, A Love Supreme, aunque será la primera sesión, registrada el día anterior, la definitiva. Primera parte: Acknowledge­ment. Aceptación.

II: Resolution

A Love Supreme llega a las tiendas de discos a finales de febrero del 65. A finales de ese mes, en concreto el día 21, Malcolm X es acribillado a balazos en el Audubon Ballroom de Manha­ttan. Este intervalo de tiempo entre la grabación del álbum y su publicación, entre el reconocimiento a Martin Luther King y la muerte de Malcolm X, resume a la perfección la esencia del nuevo trabajo de Coltrane y de su época, en el filo entre la profunda espiritualidad del movimiento por los derechos civiles y la rabia orgullosa del Black Power, entre los cantos de cisne del bop y las búsquedas frenéticas de la vanguardia.

John Sinclair —escritor, mánager de los MC5 y fundador de los Panteras Blancas— dirá de A Love Supreme que es el final del camino que Coltrane venía recorriendo en los últimos años y, por tanto, el inicio de un camino nuevo. Coltrane «ha ido más allá de la canción», rompiendo con las estructuras de la música popular. Pero esta ruptura se produce, inevitablemente, regresando a las raíces, recuperando en las alabanzas a la divinidad la memoria del blues, retomando en su saxo tenor los himnos de los esclavos para cantar con ellos, y con King: ¡Libres, libres al fin! Una libertad que también aquí es al mismo tiempo final y principio, una revolución permanente, un incendio. Como explica el poeta y crítico Amiri Baraka, «la salvación de Coltrane sólo llegará bajo la forma de un asesino o un anarquista, cuya anarquía parece aún más radical precisamente porque todavía guarda referencias a la música vieja». Resolution: resolución, decisión. Propósito.

El perseguidor

«Esto ya lo toqué mañana, es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana», exclama en cierto momento Johnny Carter, trasunto de Charlie Parker y protagonista del cuento de Julio Cortázar «El perseguidor». Coltrane también parece estar fuera del tiempo, corriendo una carrera contra sí mismo: «Cada vez que hablo de jazz pienso en los boxeadores profesionales. Un año es el tuyo, como éste es el mío, y luego al año siguiente todo el mundo te ha olvidado», comenta en una entrevista. Pursuance: dedicación, pero también búsqueda. En bandas de swing o de rhythm and blues; acompañando a Miles Davis, a Thelonius Monk o como líder; tocando bebop, tocando jazz modal, tocando the new thing; con Dios o con la heroína, Coltrane es un perseguidor.

En noviembre de 1961 el periodista John Tynan había escrito en la prestigiosa revista especializada Down Beat: «Acudí a una horrorosa demostración de lo que parece ser una creciente tendencia de anti-jazz», en referencia a la incipiente escena de jóvenes músicos que reclamaban libertad absoluta en el jazz, y donde destacaban, entre otras, las propuestas de gente como Ornette Coleman, Eric Dolphy o el propio John Coltrane. Esta corriente —conocida como free jazz o, simplemente, «la cosa nueva»— se convierte, durante su breve y salvaje auge, en la banda sonora del Black Power, en el equivalente artístico del radicalismo político negro.

Coltrane, por su parte, continúa con urgencia su contrarreloj, su incansable acoso a las fronteras del jazz cuando apenas se ha empezado a intuir la importancia de A Love Supreme. En 1966, el mismo año en el que se funda en California el Partido Pantera Negra, publica dos discos fundamentales: Ascension y Meditations. El free jazz, sin embargo, entra en decadencia a partir del año siguiente, tanto en lo ideológico —donde otros géneros como el soul o el funk van tomando el relevo— como en lo musical. Se cierran puertas y se vuelve a los patrones del bop, pero algunos hallazgos permanecen, marcando caminos por transitar, señalando la altura que llegó a alcanzar la marea. El 17 de julio de 1967 muere de cáncer John Coltrane. Pero, en realidad, no muere.

Epílogo: Psalm

En la madrugada del 4 de diciembre de 1969 la policía de Chicago, en colaboración con el FBI y la oficina del fiscal del condado de Cook, asesina en una redada a los black panthers Fred Hampton y Mark Clark —de 21 y 22 años, respectivamente— mientras duermen. Esta acción, enmarcada en el programa de contrainteligencia Cointelpro, pone de manifiesto por enésima vez la brutalidad del poder frente a los movimientos contestatarios y provoca un cambio de dirección en las actitudes y estrategias de muchos grupos, que ven agotada la vía pacifista para detener la Guerra de Vietnam y combatir las políticas represivas de Nixon. En mayo de 1970, en respuesta a las muertes de Hampton y Clark y al grito de «Bring the war home», los miembros de The Weather Underground declaran la guerra al gobierno de Estados Unidos y pasan a la clandestinidad.

En 1971 se estrena el documental The Murder of Fred Hampton, centrado en la figura del activista afroamericano y en su muerte. En una de las secuencias se muestra la escena del crimen, la habitación donde Hampton dormía cuando la policía irrumpió en el piso. De repente vemos en el suelo algunos elepés de jazz de vanguardia. En el libro A Love Supreme y John Coltrane, de Ashley Kahn, hablando sobre la relación entre la new thing y el Black Power, el saxofonista Frank Lowe lo cuenta así: «Mientras la cámara recorría la habitación del tiroteo, debajo de la cama se veían unos cuantos discos. El primero del montón, tío, manchado de sangre, era Out to Lunch!, de Dolphy. En ese momento relacioné que lo que esos tíos estaban diciendo y la música que escuchaban había salido de las mismas cabezas, lo llevaban en el cuerpo, en el caminar, en el aire».

[Artículo publicado en el número 239 (febrero de 2015) del periódico Diagonal. Imagen: John Coltrane (fuente)].

El perseguidor #5: un asesino o un anarquista

El perseguidor #5: un asesino o un anarquista

En el quinto programa de El perseguidor celebramos el cincuenta aniversario de la publicación del Ascension de John Coltrane, uno de los discos claves en ese seísmo, en esa huida en todas direcciones conocida como jazz de vanguardia, free jazz o, simplemente, the new thing, la cosa nueva. Un estilo que fue la banda sonora del nacimiento del Black Power y la cara artística del radicalismo político negro —no por nada la publicación de Ascension coincide en el tiempo con la fundación en Oakland, California, del partido de los Panteras Negras—.

Así que hoy, además de nuestra sintonía, solo sonará, de manera íntegra, este álbum grabado en verano de 1965, en los estudios de Rudy Van Gelder, en Nueva Jersey, y que vio la luz, publicado por Impulse!, en febrero del año siguiente. En concreto, escucharemos la llamada segunda edición del álbum, puesto que existen dos versiones, es decir, dos montajes, ligeramente diferentes, de este trabajo de Coltrane.

Emprendemos, mirando directamente al abismo, este descenso al final de la noche, este viaje al corazón del que probablemente sea el saxofonista de jazz más influyente de todos los tiempos, John Coltrane, un anarquista de la música, un asesino de la canción, es decir: uno de los nuestros.

Puedes escuchar el programa aquí:

Y también aquí.

Tracklist:

– «I’ve Got To Surf Away» / Le Grand Miercoles
– «Ascension (Edition II)» / John Coltrane

[Imagen: John Coltrane tocando el saxo soprano (fuente)].