Nuestro hombre en Ítaca

Nuestro hombre en Ítaca
Reseña de Llamarse nadie (Difácil, 2017), de Salvador Galán Moreu

En la primera página de «La plaza de Santa Ana» —el tercer relato de Llamarse nadie— el narrador explica: «Jeremías es boliviano, pero eso no importa. Aquí lo importante no es dónde nacen los personajes, sino que todos vienen de sitios distintos. Además, Jeremías no es un personaje, sino el narrador. A mí no me consideréis. Yo soy nadie. El spoiler de un guión aún por redactar. Un habitante de los márgenes. Yo no cuento». En la última página de ese mismo relato, ese mismo narrador-que-no-narra concluye: «la historia, a veces, es lo de menos».

En la primera página de «Berlinesas» —el sexto relato de Llamarse nadie— se afirma que «el punto de partida o el destino» de la familia protagonista «no importa», y en la página siguiente se agrega que el nombre de esa misma familia «carece de relevancia».

En resumen: de los personajes no nos interesa su procedencia ni su nombre ni su rumbo —es decir: de dónde venimos, quiénes somos, adónde vamos, las palabras con las que identificamos a los otros para que puedan abandonar esa otredad, las preguntas que los nativos de Tahití le hicieron a Gauguin cuando llegó a la isla y que el pintor francés primero y Siniestro Total después inmortalizaron en un cuadro y en una canción, respectivamente—; del narrador o narradores pudiera interesarnos alguna cosa, pero este o estos se esconden en otros personajes, en otros nombres o directamente niegan su importancia o incluso su existencia y, por tanto, también rechazan ser identificados; y de la historia —lo que nos queda— ya hemos descubierto que, por mucho que nos interese, «es lo de menos».

Y, sin embargo, todo en Llamarse nadie —tercer artefacto narrativo de Salvador Galán Moreu (Granada, 1981) tras Augustus Pablo y todos los nombres del reggae y El centro del frío— gira en torno a las identidades —es decir: a la capacidad de designar del lenguaje— y a las historias, pero no «historia» en el sentido de hechos, de aquello que sucede, sino del relato de aquello que (tal vez) ha sucedido.

Así, los doce cuentos del libro (organizados en tres partes: «El espíritu de la navidad», «Llamarse nadie» y «David Lynch sueña el buen nombre de Laura Palmer») son algo parecido a náufragos alcanzando la costa a los que el lector interroga sobre su procedencia, su nombre y su rumbo. Pero, como Odiseo —primer nadie de la literatura— frente al cíclope, estos textos prefieren no revelar su verdadera identidad y, en lugar de contestar a nuestras preguntas, nos retan a imaginar las respuestas.

El regreso a casa de un dependiente enfebrecido por la enfermedad y los libros; un aprendiz de escritor que no logra distinguir entre realidad y ficción; un oficinista bien avenido con su doppelgänger; un monstruo antirracista que no quiere ser nombrado; o una doctora en psiquiatría llamada Laura Palmer. Curiosamente, los protagonistas de Llamarse nadie —los más extravagantes y los más convencionales; los Ulises de Galán Moreu son tan homéricos como joyceanos— han convertido en ínsula las derrotas cotidianas y las ausencias, y se definen ahora desde esa periferia, desde un exilio a veces interior y otras literal. Y es en esa cotidianidad un poco gris donde, casi imperceptiblemente, se filtra lo imposible, como si a Cortázar le hubieran dado cinco minutos para meter mano en un cuento de Carver. O viceversa. Pequeñas fisuras por donde lo inexplicable se cuela en el relato y, en ocasiones, se acaba convirtiendo en su esencia.

No obstante, incluso cuando los protagonistas se obsesionan con esas anomalías sigue reinando cierta calma, cierta normalidad en la narración. No hay un descenso a la locura, a los abismos, como en la obra, por ejemplo, de Poe. Más bien se produce un extrañamiento, la sensación de un fallo en Matrix, un sutil cuestionamiento de lo real o, mejor, del discurso que sostiene lo real. Podríamos hablar aquí de subjetividad y posmodernidad, de posverdad o simulacro. Pero, sobre todo, podemos hablar de fe en el lenguaje, en la capacidad de la literatura para explicar eso que llamamos vida o, al menos, para nombrar lo que la vida podría ser. «Hay otros mundos, pero están en este», que decía aquel: la Ítaca de Homero, la Irlanda de Joyce, la Jamaica de Augustus Pablo. Ulises y Leopold Bloom recorriendo cada noche los bares de una isla. De cualquier isla.

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[Texto publicado en el número de octubre de 2017 de la revista digital de literatura The Barcelona Review. Imagen: D’où venons-nous? Que sommes-nous? Où allons-nous? (Paul Gauguin, 1898)].

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En la cima sonaron disparos

En la cima sonaron disparos

Un poema de Rodrigo Garrido Paniagua

EN LA CIMA SONARON DISPAROS

Sé que se precisa de un halo de tragedia
para descubrir lo bello.

Soy un hombre que sueña
con algo inalcanzable
y que duele.

En el cine
veo una película que me anticipa:

King Kong
en lo alto del Empire State
advierte un escalofrío.

Su corazón late
tan acelerado
como una luz más de la ciudad.

El amor
es un lugar imborrable
donde llegar a morir.

[Rodrigo Garrido Paniagua (Valladolid, 1978) estudió Historia del Arte en la Universidad de Valladolid. Ha autoeditado los cuadernos de poesía La identidad mordida y Trayecto. Ha participado en revistas como Papeles del Martes, Papeles de Humo y El Cobaya. Ha publicado los poemarios Los dormidos (Origami, 2014) y La primera vez que vi un animal muerto (Difácil, 2016), al que pertenece el presente texto, y ha sido incluido en las antologías Ni una más. Poemas por Ciudad Juárez (Amargord, 2014) y Voces del Extremo. Poesía antidisturbios (Amargord, 2015). Imagen: fotograma de King Kong (1933, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack)].

Notas a pie de playa

Notas a pie de playa

Un bandoneón dispara tangos de Gardel desde la azotea del edificio más triste de la ciudad. Y las noches caen fulminadas y bailan como nunca bailaron los enamorados en febrero. En las avenidas la música se pierde entre el llanto de los árboles y mis palabras no son mis palabras, son una canción que un preso tarareó en el tejado de la cárcel una tarde de abril. Una de esas tardes que podías tocar con la punta de los párpados, en las que el mar te contaba que estuvo allí la primera vez que besaste la alegría o cuando aprendiste la palabra madrugada o en aquella ocasión en la que recorriste el cuerpo incandescente de una polilla con los ojos desnudos. No obstante, el cielo te acuchilla que nadie logró revelar las máscaras de los almanaques, y que aquel abril nunca regresó, y que el mar no se ve desde esta cárcel que se expande y conquista cada calle y sonríe como cicatriz en la garganta. Masticas páginas ajadas y las escupes con poemas, que es lo más parecido a amar que has hecho desde que se acabaron las lunas bajo tus pies. Casi no se te oye, apenas murmuras, mas tus labios encuentran la luz en una fotografía en blanco y negro, en unos zapatos gastados, en un barco con nombre inglés que navega rumbo a Orán. El olvido se resquebraja, se encoge, se quiebra, y no sabes si eso que lo atraviesa es el final o el principio, pero que sea algo, cualquier cosa menos esta insoportable lección de historia. Aunque la soportaste toda: el exilio de la ternura, la ceguera de los almendros, el suicidio de las alondras. Quizás no te quedan lágrimas en las manos ni libros que perder en los parques y sin embargo sobrevives a las derrotas que deambulan felices sin saber nada de los fantasmas. Quisiera partir contigo mi abrazo, pero estoy tan lejos. En la hora más amarga, recuerda Alicante en primavera.

[Poema incluido en el libro Todas las ciudades del fuego (Difácil, 2015). Imagen: el Stanbrook a su llegada a Orán, Argelia; había zarpado del puerto de Alicante el 28 de marzo de 1939, con casi 3.000 republicanos, los últimos que lograrían escapar antes de que la División Littorio —enviada por Mussolini en apoyo del fascismo español entrara en la ciudad. Fuente: Comisión cívica de Alicante para la recuperación de la memoria histórica].

40.4 / -3.70 // -31° [recital de invierno]

40.4 / -3.70 // -31° [recital de invierno]

El próximo sábado 27 de febrero estaré en Madrid, participando en un recital poético junto a Isabel Cadenas Cañón, Salvador Galán Moreu y Rubén Diez Tocado.

La lectura será en Enclave de Libros, a las 13:00h. Y lo más importante: habrá vermú.

Más información sobre el evento aquí.

Salud y poesía.

[Imagen: propuesta de cartel para el recital, realizada por mí. Puedes ver el cartel definitivo, obra del diseñador Jorge de Juan, aquí].

Todas las ciudades

Todas las ciudades

Esta ciudad descansa sobre mis huesos,
la primera piedra la pusieron tus tímpanos,
todas las palabras esculpieron noviembres,
vallejearon capiteles antiguos escribas,
cargaron sobre sus espaldas el odio
los anarquistas que timbraron la correspondencia
con el alfabeto dentelleado de la pólvora.

Esta ciudad descansa sobre mis manos,
sus columnas son canciones del frente,
su propaganda soundsystems importados
de Kingston, sus odas las más perfectas
que escribieron mis hermanas
mientras los traidores apagaban colillas
en sus senos, desollaban en carne viva sus sílabas,
afinaban suplicios en sordos sonetos.

Esta ciudad descansa sobre mi sexo,
sus burdeles son conspiraciones trafagadas
desde Nueva Orleans en barcos de vapor,
en muñecos de vudú, en el pantanoso perfume
de los doce compases,
———————————.sus crupieres antaño
hicieron en una tetera la revolución
y ahora contemplan las líneas del destino
en el fondo de los vasos, el futuro
en los posos de café, en la trayectoria
de los astros
—————.—.el desencanto.

Esta ciudad descansa sobre mi boca,
sus puertas yacen vencidas en gavetas y agujeros
de gusano y esternones perforados, no por el amor
—este poema no tendrá un final feliz—
sino por el sol del mediodía quemado
con las brujas en la hoguera,
por la esperanza desahuciada
de la periferia. Habrá disturbios,
caerán bastillas,
————————el pueblo reclama
a Rimbaud.
Por poeta, es posible,
pero sobre todo
————————por traficante.

[Poema publicado en el libro Todas las ciudades del fuego (Difácil, 2015). Imagen: «Arthur Rimbaud in New York», fotografía de David Wojnarowicz (fuente)].

Memoria llama (Punk Not Dead)

Memoria llama (Punk Not Dead)

La luz que origina la llama / el chasquido del pedernal / la chispa en los molares / la salamandra en el paladar / las explosiones derramadas en las alcantarillas / las ratas huyendo / los ciegos que creyeron ver / las vidas que le debo a una canción / las raíces doblegando el hormigón / la memoria que despierta con el fuego / la palabra húmeda y seca / los conductores eléctricos / los callejones que escupen punk not dead / los viejos mapas / los poemarios abandonados en las plazas / las teorías del caos / Muhammad Ali / todos los combates / todas las ciudades / de las mariposas el aleteo / Lumumba sin Kinshasa / Joe Strummer en Granada / las luciérnagas / los haikus / los mariachis de esqueletos / los detectives salvajes / México / Londres / Barcelona / pinturas de guerra apache / el rastro del azogue / las noches / y nuestras manos / como océanos / como yunques / pero nuestras manos / el no future / la utopía / la memoria de nuevo / de nuevo / el fuego.

[Poema incluido en el libro Todas las ciudades del fuego, publicado en 2015 por la editorial Difácil. Imagen: detalle de la ilustración de portada, realizada por José María García Domínguez].