Disturbios, rimas y razón

Disturbios, rimas y razón

«A menudo me preguntan por qué empecé a escribir poesía. La respuesta es que la motivación surgió de una necesidad visceral de articular creativamente las experiencias de la juventud negra de mi generación, la cual alcanzaba la mayoría de edad en una sociedad racista. Algunos de mis primeros trabajos trataban sobre violencia fratricida y guerras internas, no muy distintas de las absurdas guerras de bandas de hoy en día. En aquella época en la que comenzaba mi aprendizaje como poeta, también intentaba dar voz a nuestra rabia y a nuestro espíritu de desafío y resistencia en un registro poético jamaicano.

»Hace cuarenta años, en 1972, escribí un poema de resistencia titulado «All Wi Doin is Defendin» [«Todo lo que estamos haciendo es defendernos»] en el que decía: «all oppreshan can do is bring/ pashan to di heights of erupshan/ an songs af fire we will sing/ … sen fi di riot squad quick/ cause wi runnin wile/ wi bittah like bile» [algo así como: «todo lo que la opresión puede lograr / es llevar la pasión hasta la erupción / en canciones de fuego que cantaremos […] // llamad ya a los antidisturbios, ¡rápido!: / incontrolados, somos como la hiel»]. Un año más tarde, en 1973, en un poema titulado «Time Come» [«Llegará el momento»] escribí: «fruit soon ripe fi tek wi bite/ strength soon come fi wi fling wi might/ it soon come/ look out look out look out! … it too late now I did warn yu» [«pronto morderemos la fruta madura / pronto tendremos fuerza para arrojar lo que sea / pronto llegará / ¡tened cuidado! […] // ahora es demasiado tarde, ya os avisamos»]. Esos eran los sentimientos dominantes en muchos jóvenes negros entonces, a causa de nuestra experiencia cotidiana de racismo en general y de racismo policial en particular.

»Tras los disturbios de los carnavales de 1976 y 1977 de Notting Hill, los disturbios de Brístol de 1980 y las revueltas de 1981 y 1985, alguna gente empezó a decir que mis versos de principios de los años setenta eran proféticos. No sé si lo fueron; lo que sí sé es que, si eras un joven negro viviendo a principios de los setenta en la Inglaterra urbana, no hacía falta ser adivino para saber que tarde o temprano la policía causaría un estallido. Escribí dos poemas sobre las revueltas del 81: «Di Great Insohreckshan» [«La gran insurrección»] y «Mekin Histr» [«Haciendo historia»]. Escribí este poema desde la perspectiva de aquellos que tomaron parte en los disturbios de Brixton. El tono del poema es de celebración, ya que quería capturar el ánimo de euforia que sentía la población negra en aquellos tiempos.

»¡Y vaya tiempos! Fue una época de intensa lucha de clases. El gobierno de Thatcher había puesto en marcha políticas diseñadas para socavar los avances que la clase trabajadora había conseguido después de la Segunda Guerra Mundial. El movimiento obrero contraatacaba. La clase trabajadora negra participaba en esas luchas. Existían organizaciones autónomas —como el Movimiento de Padres Negros, el Movimiento de la Juventud Negra, el Colectivo Race Today y el Colectivo Negro de Bradford— que luchaban por la igualdad racial, la justicia social y un cambio radical. El racismo impregnaba todas las instituciones del Estado, especialmente la policía. La prensa amarilla avivaba las llamas del odio racial. Los ataques racistas y fascistas contra personas negras y asiáticas aumentaban drásticamente. El incidente más terrible fue el incendio de New Cross, el 18 de enero de 1981, resultado del ataque intencionado a una fiesta y en el que 13 jóvenes negros murieron y 26 sufrieron heridas graves.

»La respuesta de las comunidades negras a esa atrocidad, y al intento de la policía de encubrir la verdad y culpar del incendio a los propios asistentes a la fiesta, fue la movilización de 20.000 personas —convocadas por el Comité de Acción de la Masacre de New Cross, presidido por John La Rose— que marcharon desde New Cross hasta Hyde Park para protestar por las muertes de esos jóvenes y reclamar justicia. Fue la expresión de poder político negro más espectacular que jamás se ha visto en este país; un punto de inflexión en nuestra lucha por la igualdad racial y la justicia social. Esa marcha, el 2 de marzo de 1981, conocida como el Día de Acción del Pueblo Negro, proporcionó a la población negra de todo el país una nueva percepción de nuestra fuerza para resistir la opresión racial y luchar por el cambio. Hizo evidente para todos que las personas negras de segunda y tercera generación —como yo— no estábamos dispuestas a tolerar lo mismo que nuestros padres habían soportado. Éramos la generación rebelde, una generación politizada que contraatacaba. Un mes después, en abril, comenzaban las revueltas en Brixton.

»El 6 de agosto del verano pasado, cuando comenzaron los disturbios en Tottheham, yo estaba actuando en un festival de reggae de Bélgica acompañado por la Dennis Bovell Dub Band. Dos de los temas que interpretamos fueron «Di Great Insohreckshan» y «Mekin Histri». Era bastante tarde cuando regresamos al hotel, y todos nos retiramos a descansar, ya que teníamos otro bolo el domingo en Francia. Estaba en la cama cuando sonó el teléfono. Era Dennis Bovell, que vive en Tottenham. Dijo: «Linton, enciende la tele, hay disturbios en Tottenham». Puse BBC World y vi Tottenham en llamas. Los televisores del hotel barato en el que dormimos el domingo en Francia no tenían BBC World ni Sky ni CNN, pero Dennis Bovell recibió algunos mensajes de texto y nos mantuvimos al tanto de lo que estaba ocurriendo. Pensé que todo se habría calmado para cuando volviéramos a Londres, pero descubrí que los disturbios se habían intensificado y extendido por pueblos y ciudades de toda Inglaterra.

»Algunas de las escenas que vi por televisión eran increíbles. Lo más impactante fue que la policía parecía incapaz de actuar. Era como si estuvieran en servicios mínimos o llevando a cabo algún tipo de huelga extraoficial. No es que fueran inexpertos manejando disturbios. Me pareció entonces un flagrante abandono del deber. No fue ninguna sorpresa que los disturbios comenzaran como consecuencia del asesinato a sangre fría de Mark Duggan a manos de un agente de policía, la información falsa publicada por la Comisión Independiente sobre Denuncias contra la Policía, y el historial de conflictos entre la policía y la comunidad negra en esa zona de Londres. Teniendo en cuenta las numerosas muertes de personas negras a manos de la policía o bajo custodia policial, la criminalización de los jóvenes negros, la práctica desproporcionada de detenciones y cacheos contra las personas negras, los cargos de asociación ilícita, y la marginalización y demonización de la clase trabajadora —tanto blanca como negra— los disturbios eran de esperar. Lo que me sorprendió fue su ubicuidad.

»En mi opinión, frente a la posibilidad de perder un veinte por ciento de su presupuesto, la policía quiso dejar las cosas claras al gobierno. Era como si le estuviera diciendo a los ministros de Hacienda e Interior: «esto es lo que puede ocurrir si reducís personal».

»Poco después de volver de Francia, algunos periódicos belgas, franceses, rusos y estadounidenses me pidieron declaraciones sobre los disturbios. Rechacé las peticiones, ya que supuse que si querían hablar conmigo era para retratar los disturbios en términos puramente raciales. Me resulta evidente que las causas de los disturbios son la opresión e injusticia racial tanto como la opresión e injusticia de clase. Las manifestaciones de descontento más habituales que he presenciado en este país se tienen que entender desde la perspectiva de la marginalización de sectores de la clase trabajadora y las medidas de austeridad impulsadas ideológicamente por el gobierno Tory. La policía ha hecho poco o nada para erradicar el racismo en el cumplimiento de sus funciones. Sus miembros nunca han aceptado la conclusión del informe Macpherson de que la policía es institucionalmente racista. Mi nieto ha perdido la cuenta de las veces que ha sido detenido y cacheado por la policía, y no forma parte de ninguna pandilla. En lo que concierne a la relación entre vigilancia policial y juventud negra, nada ha cambiado desde que yo era joven, nada ha cambiado desde las revueltas de 1981. Da igual lo que Trevor Phillips diga.

»Sin embargo, la población negra en su conjunto sí ha hecho avances significativos desde finales de los ochenta. Ya no estamos tan marginados como en el 81. Tuvimos que recurrir a la insurrección para lograr integrarnos en la sociedad británica. Como el difunto John La Rosa comentó hace casi una década, las personas negras estamos situadas mucho más en el centro de la sociedad británica que antes; ya no permanecemos en la periferia. Aun así, tras el progreso de los noventa y los primeros dos mil, existe la percepción entre algunas personas negras de que hemos alcanzado el techo de cristal y la igualdad racial ha dejado de estar en la agenda del Nuevo laborismo, los Tories y los demócratas liberales. De hecho, el presupuesto de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos se ha visto recortado en un 63 por ciento. Personas como el profesor Gus John, por ejemplo, continúan criticando acertadamente el sistema educativo por el fracaso de los niños negros de clase trabajadora. Estadísticas recientes del gobierno demuestran que la tasa de desempleo para los jóvenes negros está por encima del 55 por ciento. Así como los cristianos negros tuvieron que formar sus propias iglesias hace años, que los agentes de policía negros hayan tenido que crear su propia asociación profesional sigue siendo patológicamente racista.

»Joseph Harker observa correctamente que la docena, aproximadamente, de miembros negros del parlamento están distanciados de sus comunidades. Fue una grosería por parte de Simon Wooley, de Operation Black Vote, acusarlo de nostalgia. No hay ninguna evidencia de que nuestros representantes negros, tras alcanzar la posición que ahora ocupan, lideren la causa de la igualdad racial o hagan campaña contra las prácticas racistas de la policía. La responsabilidad descansa todavía sobre nuestras comunidades. (Terminaré aquel poema de principios de los noventa titulado «Tings an Times» [«Cosas y épocas» o algo así, creo])».

Linton Kwesi Johnson, 24 de marzo de 2012.

[Artículo del poeta y músico Linton Kwesi Johnson publicado originalmente el 28 de marzo de 2012 en el diario The Guardian, pero para la traducción he utilizado la versión que aparece en el blog del propio autor. Imagen: Black People’s Day Of Action, 2 de marzo de 1981; Londres].

Los chavs no te olvidamos, Amy

Los chavs no te olvidamos, Amy

en un réquiem en un anti-réquiem en un responso qué sabemos nosotros de esos nombres
Jotamario Arbeláez

 

Ahora que los periodistas musicales hablan de materialismo histórico y aplauden panfletos filonazis

ahora que Londres resplandece incandescente por el incendio de los pisos de protección oficial

ahora que tus pestañas son el faro de un puerto al que arriban los barcos

ahora que tu voz es la voz del futuro con la que sueñan los profetas

ahora que has regresado al lugar donde nacen las canciones y tus canciones apenas suenan ya en las radiofórmulas y tus canciones son por fin nuestras

ahora que los periodistas musicales afirman que eras una artista sobrevalorada y que fuiste solo el reflejo y el frenesí de quien ha vivido por encima de sus posibilidades

ahora que casi nadie ha oído hablar del 2tone ni del bluebeat ni del sudor frío que recorre la cerviz de los adolescentes al traspasar el umbral de las tiendas de discos

ahora que nadie recuerda los poemas de Blake ni los grabados de Blake ni los disturbios de Brixton

ahora que los chavs algunos chavs lloramos desconsolados al contemplar una y otra vez tus vídeos de YouTube

y cada día retornamos a casa derrotados tambaleándonos desde las oficinas de empleo a las estaciones de metro

como tú te tambaleas en esos vídeos en Belgrado en Recife en los escenarios del mundo

mientras la banda continúa tocando y los coristas bailan sonrientes y tú te olvidas de la letra y te pierdes en la memoria que es un laberinto que es una cárcel

y el público te abuchea porque todo lo que dices es cierto y todo lo que no dices es cierto

ahora que morir joven o sencillamente morir se parece más a vivir que vivir

ahora que la ciudad ha borrado el rastro de la multitud

y palabras como Jerusalén o Kingston o Detroit han perdido su significado

ahora que los periodistas musicales aseguran que el trap es el nuevo punk

nosotros los chavs nosotros los inadaptados hemos decidido organizarnos

utilizando como imposible manifiesto aquellos de tus tatuajes que señalan el sur

y como mapa suburbano la palma abierta de nuestra mano

y así desorientados descendemos a la City desenterrando el descontento del invierno

y subimos a los autobuses que llevan a los barrios de los ricos guiados por la brújula del sudor y del deseo y de las manchas de aceite que atraviesan veloces las bolsas de papel de las franquicias de comida rápida

y oh Amy cantamos tus canciones que son todas las canciones

A veces acariciamos la certeza de que esta época no es la nuestra

y vislumbramos en el fondo de las botellas otros fuegos otras muchedumbres

(oh diggers oh luditas oh lumpenproletariado)

y es entonces cuando queremos quemar los televisores y los periódicos de la mañana y el marco teórico de los economistas neoclásicos

para ver arder la mano invisible del mercado

ahora que la clase obrera visita con renovada devoción los cementerios judíos

luego de haber vivido entre comisarías y centros comerciales

entre empresas de trabajo temporal y votantes del National Front

entre la desindustrialización y el fantasma de la clase media

entre los espejos y los espejismos del odio

y del amor

[Este texto es una reescritura del poema «Los inadaptados no te olvidamos, Marilyn», del poeta colombiano Jotamario Arbeláez. Imagen: tumba de Amy Winehouse en el cementerio judío de Edgwarebury, Londres].

 

Spanish Bombs

Spanish Bombs

Eh, Joe, a veces pienso en ti, a veces
pienso en vosotros, ¿sabes?, incendiando
escenarios, tan jóvenes,
___________________________a veces,
quemando las calles de Londres en 1977, en 1979,
en todos los inviernos de nuestro descontento;
a veces pienso en ti, y pienso en Mick,
en sus coros, en los arreglos de guitarra,
en cómo Mick cantaba «Stay Free»,
y pienso también en Topper y en los cronómetros,
y en Topper enganchado a la heroína,
y en todo aquello que late y explota,
pero, Joe, sobre todo, pienso mucho
en las fotografías, en lo que permanece,
y también en aquel bajo Fender de Paul.

Suele suceder en días como estos, ¿sabes?
En días de lluvia y viento, en las noches
oscuras de diciembre en las que hago inventario
de todo lo que no tengo, de todo,
Joe: no tengo trabajo, no tengo casi nada;
no tengo casa, no tengo dinero,
no tengo ganas de escribir,
_______________________________la vida
no era esto, Joe, la poesía
no era esto, el punk rock,
Joe, el punk rock no era esto,

_________________________         _pero
no te preocupes, ya he estado antes aquí,
abajo del todo, a un paso o quizá menos,
en puentes, en estaciones de tren,
observando el vuelo de los pájaros,
calculando la caída necesaria
para escapar para siempre del frío…

_
Eh, Joe, pero mejor hablemos de otras cosas:
escuché que en Granada le han puesto a una plaza
tu nombre, quisiera ir una mañana
de primavera, leerle a tu sombra
poemas de Lorca, cantar a coro las canciones
de Dylan que hablan de México (todas
las que podamos recordar)
y despedirme con la última luz de abril,
bajar tarareando «Spanish Bombs»,
ponerme ciego en la calle Elvira
y así, borracho de cerveza y muerte y vida,
terminar la letra de esa canción
que tú nunca acabaste
sobre todos los bombardeos
sobre todas las ciudades
que alguna vez
se llamaron Granada.

[Imagen: grafiti de Joe Strummer cantante de The Clash en la plaza de Granada que lleva su nombre. El grafiti es de El Niño de las Pinturas; la foto de SecretOlivo].

El perseguidor #2: el último hombre de Europa

El perseguidor #2: el último hombre de Europa

«Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado», cantaba la banda californiana Rage Against The Machine en «Testify», tema que abría su tercer álbum, The Battle of Los Angeles, allá por 1999. «Quien controla el pasado controla el futuro». Una frase sacada de una novela que estuvo a punto de titularse El último hombre de Europa, escrita por un tal Eric Arthur Blair, un periodista británico nacido en 1903 en la India colonial. Un periodista que condenó el imperialismo salvaje de su nación, que conoció de primera mano la miseria en la que vivía la clase trabajadora en su propio país, y que participó en la revolución española, durante la guerra civil, como miembro del Partido Orientado a la Unificación Marxista, el POUM de Andreu Nin, una experiencia que lo marcaría profundamente. A Eric Arthur Blair ya casi nadie le llama por su verdadero nombre, es bastante más conocido por su seudónimo, George Orwell. Y la novela de la que hablamos, a la que dedicaremos el programa de hoy, la que estuvo a punto de titularse El último hombre de Europa, y que Orwell publicó pocos meses antes de morir, se tituló finalmente, claro está, 1984.

Puedes escuchar el programa aquí:

Y también aquí.

Tracklist:

– «I’ve Got To Surf Away» / Le Grand Miercoles
– «Lonely Woman» / Ornette Coleman
– «Testify» / Rage Against The Machine
– «English Civil War» / The Clash
– «The Ballad Of Mick The Knife» / Sonny Rollins
– «Which Side Are You On?» / Billy Bragg
– «Tensions» / Charles Mingus
– «Sympathy For The Devil» / The Rolling Stones
– «Tomorrow Never Knows» / Junior Marvin
– «We Are The Dead» / David Bowie

[Imagen: detalle de una página de la novela 1984, de George Orwell].

El hombre de la multitud

El hombre de la multitud

«El famoso cuento de Poe El hombre de la multitud es algo así como la radiografía de una historia de detectives; sólo le falta el material de revestimiento que el crimen representa, quedando escuetamente la armadura: el perseguidor, la multitud, y un desconocido que orienta de tal modo su itinerario por Londres que no deja nunca de estar en el centro. El desconocido es el flâneur. Así lo entendería Baudelaire cuando, en su ensayo sobre Guys, calificó al flâneur de «l’homme des foules» [hombre de multitudes]. Pero la descripción que Poe hace de esta figura se encuentra libre de la connivencia que el propio Baudelaire le dispensaba. Para Poe el flâneur es ante todo alguien que no está cómodo en su sociedad. Por eso busca la multitud; no habrá que buscar lejos la razón por la que se oculta en medio de ella. Poe difumina adrede la diferencia entre el flâneur y el asocial, pues un hombre se hace tanto más sospechoso entre la masa cuanto más difícil es dar con él. Interrumpiendo una larga persecución, el narrador resume lo que sabe: «‘Este viejo es la encarnación, el auténtico espíritu del crimen’, dije en silencio para mí. ‘No puede estar solo. Es el hombre de la multitud'»».

[Extraído de Baudelaire, de Walter Benjamin; recopilación de textos del filósofo alemán sobre el poeta francés publicada por Abada Editores en 2014. Imagen: el río Sena, en París, fotografiado por Eugene Atget (1923); fuente: Fundación Mapfre].